Renovando Tu Mente | Moisés y el éxodo
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Transcripción

En el Antiguo Testamento, el punto de transición entre el libro de Génesis y la historia temprana del período patriarcal en el libro de Éxodo, nos entrega la historia de lo que probablemente sea, diría ciertamente entrega, el evento redentor más importante que tiene lugar en el Antiguo Testamento. Este tiempo de transición está marcado en la narración al final de Génesis y al comienzo de Éxodo, por dos personas notables.

La primera es un hombre que comenzó como pastor de ovejas y se convirtió en príncipe, y la segunda es de uno que comenzó como príncipe y terminó como pastor. Por supuesto, la primera persona era el hijo de Jacob, cuyo nombre era José. La última parte del libro de Génesis cuenta esta historia extraordinaria que nos narra la vida de José, la cual es una de las biografías más inspiradoras y alentadoras que encontraremos en toda la Escritura, un hombre que fue víctima de celos y de traición.

Él fue vendido como esclavo por sus hermanos. Fue encarcelado por muchos, muchos años.

Está completamente solo en un país extranjero, y sin embargo, bajo esas circunstancias, permanece fiel a las promesas de Dios y recuerda el pacto. Sin embargo, a medida que se desarrolla la historia, somos conscientes de que José, debido a las circunstancias del control providencial de Dios, es liberado de prisión y elevado hasta convertirse en el primer ministro de la tierra de Egipto.

Es en ese momento, en la providencia de Dios, que una hambruna severa golpea a los países vecinos y al propio Egipto, pero Egipto había almacenado suministros de reserva; y pueblos de tierras lejanas venían a Egipto buscando ayuda por el hambre. Entre los viajeros estaban incluidos los hermanos de José.

Y recordarán esa escena desgarradora cuando los hermanos descubren que el primer ministro, a quien le están pidiendo estos suministros, es en realidad su hermano, a quien habían traicionado; y estaban aterrorizados de que José se vengara de ellos. Pero, en vez de eso, fue clemente y preguntó por el bienestar de su padre, enviándole un mensaje con sus hermanos cuando ellos regresaron a su tierra; e invitó a Jacob y a toda su familia a emigrar a Egipto para que reciban los privilegios especiales otorgados por el primer ministro.

Y así, al final del libro de Génesis vemos dos cosas: En primer lugar, vemos el traslado desde Canaán a Egipto de la familia de Jacob, a quienes se les concedió una porción de tierra llamada tierra de Gosén para que disfruten de de los beneficios provistos por su hijo José.

Luego, el libro de Génesis concluye cuando Jacob reúne alrededor suyo a sus hijos, y Jacob entrega la bendición patriarcal. Pero él tampoco se la da al hijo mayor, ni siquiera al segundo, puesto que se habían descalificado a sí mismos por su maldad. En cambio, Jacob le da la bendición patriarcal a Judá, a quien le es prometido un reino: ‘El cetro no se apartará de Judá, hasta que venga Siloh.’

Y esto es de enorme importancia para el resto del desarrollo de la historia del Antiguo Testamento, ya que los reyes de Israel deberán salir de la tribu de Judá. Hasta que llegamos al clímax del Nuevo Testamento, donde aquél que nacerá restaurará el trono de David, y una vez más la tribu de Judá estará en el poder cuando el León de Judá sea coronado como el Rey eterno, el Rey de Reyes y Señor de Señores.

Entonces, no puedes entender el ministerio de Jesús al margen de este trasfondo del Antiguo Testamento y de la tribu de Judá, el reino, y de todo lo que se desencadena como resultado de la familia inicial de Jacob.

Ahí es donde el libro de Génesis termina, y al hacerlo, se nos presenta una situación totalmente nueva en el libro de Éxodo. Dejamos el libro de Génesis con el pueblo de Israel disfrutando de un estatus privilegiado, un estatus especial en la tierra de Egipto; pero algo ominoso aparece en el segundo libro del Antiguo Testamento.

En el libro de Éxodo se nos dice que sube al poder un faraón que ya no conoce a José, y ahora leemos de un cambio en las circunstancias históricas con respecto a los descendientes de Abraham y la familia de Jacob. En este momento ellos también disfrutan de una estatus especial, pero este estatus especial es malo en vez de ser bueno porque el nuevo faraón llega e impone cuatro formas distintas de opresión sobre estos hebreos extranjeros.

Lo primero que se nos dice en el libro de Éxodo es que los faraones nombran capataces sobre el pueblo. Ahora, inicialmente, los capataces eran como policías que ordenaban y ejercían vigilancia sobre los siervos del estado. Ese es el primer paso dentro un programa sistemático para esclavizar a este pueblo extranjero.

Entonces, lo primero que Faraón hace es nombrar capataces y los establece sobre este pueblo cuyo número ha aumentado enormemente, a quienes ahora él va a utilizar para el trabajo forzado y para construir las ciudades de almacenaje para depositar el grano y para las reservas de alimentos de la nación.

Así comienza con esta servidumbre. Luego se nos dice, un poco después en el libro de Éxodo, que Faraón intensifica radicalmente los términos de esta opresión al no solo tener a estos capataces, sino que ahora instruye a los capataces para que hagan que los esclavos trabajen con mayor rigor.

Es decir, hay un elemento de severidad que se añade a la carga de ese pueblo. Se les dice que tienen que aumentar su cuota de producción disminuyendo los materiales que recibían para ese fin. No se les permite tener paja para hacer sus ladrillos, lo cual hace su tarea mucho más ardua.

Y así esta nación que se había establecido con una posición privilegiada en la tierra de Gosén, fue reducida a la esclavitud total. Pero aun en su esclavitud se están multiplicando y creciendo más y más en número, y Faraón empieza a temer una rebelión.

Así que instaura su tercera forma de opresión, al mandar a las parteras del pueblo judío a que maten a todos los niños varones que nazcan de mujer hebrea. Pero, ¿qué pasó? Las parteras se rehusaron acatar este decreto de asesinato.

Entonces ahora Faraón ejecuta su cuarta decisión, donde él ordena a todos los egipcios que se aseguren que todo bebé varón nacido entre los judíos sea asesinado. Esta es la primera masacre de inocentes. De hecho, podríamos llamarlo el primer holocausto, el primer ejemplo de la destrucción sistemática de un pueblo. Pero un bebé escapa, y leemos la historia de este niño que está oculto en una cesta hecha a mano, tejida con juncos; él es colocado en un afluente del Nilo cuando esta madre judía ve que ya no puede ocultar al bebé y permite que su hijo sea puesto a la deriva en el río mientras ella encomienda su destino a la providencia de Dios.

Y en tal providencia, el bebé llora y es un llanto que es oído en todo el mundo; pero el llanto del niño es oído, irónicamente, no por una partera hebrea, ni por un soldado egipcio, sino por la hija faraón mismo. Y las Escrituras nos dicen que cuando ella ve a este niño oculto a orillas del río, cuando abre la pequeña cesta y ve a este bebé, y el bebé llora, las Escrituras nos dicen que ella tuvo compasión. La ironía de todo esto es sorprendente porque el resto de la historia del conflicto entre este pequeño bebé y el faraón es el conflicto entre la Palabra de Dios y un rey con un corazón endurecido.

Y, sin embargo, este faraón, que es perverso debido a la obstinación de su corazón, tiene una hija cuyo corazón es movido por compasión. Ella no pudo soportar llevar a cabo las instrucciones de su propio padre. Ella no pudo ahogar a este bebé; en cambio, ella lo toma como suyo.

Ella lo saca del agua, redimiendo así la vida de este niño, y usa el nombre hebreo que significa “sacado de las aguas” para ponerlo a ese bebé, y lo llama Moisés; luego ella contrata a la verdadera madre de Moisés para que sea la que cuide al muchacho. Pero debido a esta irónica serie de eventos, este pequeño bebé hebreo es adoptado por la propia hija de faraón y ahora es un niño de palacio que es criado en Egipto con el estatus de un príncipe.

¿Ves cómo este es el orden totalmente inverso a lo que sucedió con José y lo que ahora pasa ahora con Moisés? Moisés crece como príncipe, pero él conoce sus raíces, conoce su propia identidad con su pueblo. Y se nos dice en el libro de Éxodo que en una ocasión ve a un guardia egipcio golpeando, hostigando y atormentando sin piedad a un esclavo hebreo; Moisés se llena de rabia, se levanta, golpea al guardia y sin querer lo mata.

Rápidamente él esconde el cuerpo y mira alrededor para ver si alguien lo ha visto y él no ve a nadie; pero alguien sí lo había visto. Y ahora se sabe que Moisés mató a un miembro de la guardia para defender a su propio pueblo. Ahora debe huir para salvar su vida, partiendo hacia el exilio en el desierto de Madián y vivir década tras década, tras década en la miseria, la pobreza, aislado, lejos de los luchas de su tierra natal, lejos de la educación, las ciencias y la riqueza que había encontrado en los palacios de Egipto.

Y ahora tenemos en el libro de Éxodo la historia de Moisés, una historia que es titánica, una historia que es tan magnífica que incluso era demasiado para llevarla al cine y capturar la esencia de la importancia de este hombre.

Realmente creo que no es una exageración decir que el personaje principal de todo el Antiguo Testamento es Moisés porque Moisés es designado por Dios para ser el mediador del antiguo pacto; y solo hay dos mediadores reales en la Biblia: el mediador del antiguo pacto y el mediador del nuevo pacto.

Moisés es el mediador del antiguo pacto. Cristo es el mediador del nuevo pacto. Es Moisés quién es el libertador, humanamente hablando, de su pueblo en Egipto. Es a través de Moisés que Dios da la ley. Es a través de Moisés que Dios crea el estado judío, la iglesia del Antiguo Testamento, la nación teocrática de Israel, y es de Moisés que los profetas hablan que vendrá uno en el futuro que será un profeta como Moisés, cuya vida y cuya misión, una vez más, se prefigura con la vida de Moisés.

Y en un sentido real, Cristo, en su propia vida, recapitula la vida de Moisés y toda la historia del Éxodo. Una vez más, si quieres entender la misión de Cristo, es imposible hacerlo separado del libro de Éxodo. Agustín dijo una vez: “el Nuevo está oculto en el Antiguo y el Antiguo está revelado en el Nuevo”, porque así como Dios llama a su hijo fuera de Egipto en el Éxodo, así también llama a su Hijo mayor del exilio, después que Jesús, en su infancia, se ve obligado a ser resguardado y protegido del edicto de Herodes, cuando José y María huyeron a Egipto.

El cumplimiento llega: “De Egipto llamé a mi Hijo”. Toda la historia de la redención en el Nuevo Testamento es la historia de un mayor Éxodo, de una mayor liberación, y liberación de la esclavitud que es cumplida por el nuevo Moisés; y para entender lo que hace el nuevo Moisés, debes entender lo que hizo el viejo Moisés.

Entonces, como dije, él es una persona grandiosa en el Antiguo Testamento, y él está solo y aislado en el desierto Madianita cuando Dios se le aparece y le habla desde la zarza, se le revela y le da su sagrado nombre, y le dice a Moisés: ‘escuché el clamor de mi pueblo, he oídos los gemidos del pueblo que traje a Egipto y te he designado para que vayas a la casa de faraón y de mi pueblo y le digas a faraón y le digas a mi pueblo: “Deja ir a mi pueblo”.

Y con ese mandato, toda la maquinaria del Éxodo se pone en marcha. Y así el punto de confrontación se realiza cuando Moisés se presenta delante de Faraón –y entiendan que Faraón es la persona más poderosa en la tierra en ese momento, y lo que el monarca más importante y poderoso del mundo ha hecho es esclavizar al pueblo de Dios y hacer del pueblo de Dios sus siervos en contra de su voluntad.

Lo que acontece aquí, en este conflicto, lo que se desarrolla en toda esta tensión en el libro de Éxodo, es una batalla de titanes. Es la batalla de dos soberanos. Es la batalla entre el Dios soberano del universo y el hombre soberano de este mundo, faraón. Y la contienda se lleva a cabo por este tema: ¿a quién debe servir el pueblo? Porque el mensaje que Dios le ordena a Moisés que lleve a faraón, no se afirma simplemente en la frase: “Deja ir a mi pueblo”, sino, ¿qué más dice él?

Ve donde faraón y dile que el Señor Dios Todopoderoso le dice: “Deja ir a mi pueblo”. ¿Por qué? ‘Para que salgan y me sirvan a mí’. ¿Te das cuenta que el Éxodo no es solo la liberación de los esclavos de la opresión?No se trata de una antigua revolución marxista, sino que es una liberación de un nueva clase de esclavitud, una esclavitud real, una esclavitud redentora y Dios está reclamando a los suyos.

Él está diciendo: ‘Este es mi pueblo, no tuyo; y los he creado para que me sirvan a mí, no que te sirvan a ti. Así que será mejor que los dejes ir o sino…’ Faraón dice: ‘O sino ¿qué?’ Y Moisés dice: ‘o sino moscas, o sino gusanos, o sino ranas, o sino piojos, o sino un río que se convierte en sangre’ y la contienda empieza.

En las tres primeras plagas, todo lo que Moisés hace para mostrar el poder de Dios contra el poder de los egipcios, los magos de la corte de Egipto hacen lo mismo, pero para cuando llegan a la cuarta plaga, los trucos de los magos de Faraón se agotaron; y sin descanso, paso a paso, la contienda continúa y Dios, a través de las manos de Moisés, demuestra milagrosamente su poder sobre el mundo.

No hay un período en toda la Biblia donde los milagros estén tan concentrados a excepción de otro período, que este período: y estamos hablando del período de la encarnación del Señor mismo. Pero aparte de la vida de Jesús que estuvo llena de milagros, no hay otro tiempo en la historia de la redención, donde haya habido tanta manifestación del poder divino y milagros como en este libro de Éxodo donde Dios está manifestando, en el plano de la historia, que Él es el salvador de su pueblo, que es soberano sobre su pueblo y que debe ser el objeto de la adoración de su pueblo.

Una vez más, Moisés le dice a faraón: “Deja ir a mi pueblo para que salgan y me sirvan”. ¿Me sirvan? ¿cómo? Dándome sacrificio de la alabanza, para salir hacia el desierto para adorarme, salir para disfrutar de mi presencia.

Así, los tres temas principales que marcan todo el libro de Éxodo son los motivos del éxodo, la ley y el tabernáculo. Y veremos estas dimensiones del contenido del libro de Éxodo. El éxodo mismo, la liberación de la esclavitud, la reunión del pueblo que ha sido liberado al pie del monte Sinaí, donde Dios entrega, a través de Moisés, la ley por la cual esta nación santa será establecida.

En ese sentido, Moisés se desempeña como el padre del estado teocrático, el George Washington de Israel, si se quiere, y el Thomas Jefferson y el Benjamín Franklin, todos en uno porque, es a través de Moisés, que Dios da la declaración de derechos que servirá como guía jurídica para la estructura de una nación santa y se convertirán en la base de la ley general en todo el mundo, incluso hasta el día de hoy.

Por último, donde Dios enseña a su pueblo cómo adorarle y le da la promesa de su presencia. Estos son los temas dinámicos de este libro de Éxodo que nos llama a una lectura seria y profunda, profunda de sus detalles.