Renovando Tu Mente | La redención prometida a Abraham
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Transcripción

A veces, en las conferencias y reuniones cristianas donde me toca hablar, la gente se me acerca con un pedido muy inusual, y la primera vez que esto sucedió, me quedé anonadado; Pero ahora veo que es una costumbre popular y por eso ya no me choca tanto. Ellos traen sus biblias y me piden un autógrafo, y yo pienso: “Una cosa es que firme un libro que escribí yo mismo, pero amigos, yo no escribí la Biblia.” Simplemente me resulta extraño que la gente me pida esto.

Pero hay otra parte en esta tradición o costumbre. Me piden que escriba junto a mi nombre, el versículo de mi vida, y de nuevo, la primera vez que alguien me pidió eso, estaba un poco desconcertado. Dije: “Qué quieres decir con el versículo de mi vida?” “Bueno, tú sabes, el versículo que define tu vida”.

Y dije: “Bueno, nunca he pensado en eso, tomando un versículo de las Escrituras. Se supone que debemos tratar de vivir de acuerdo con cada palabra que aparece en las Escrituras, no solo con una de ellas”. Pero lo que realmente estaban preguntando era: “¿Cuál es tu versículo favorito en la Biblia, y escríbelo allí, y quiero leerlo por mí mismo y ver por qué lo has escogido?”.

Me imagino que no hay nada de malo en eso. Así que nos divertimos un poco haciéndolo. A menudo he dicho que si me metieran en la cárcel en confinamiento solitario y solo pudiera tener un libro para leer mientras estoy encarcelado, el libro que quisiera, obviamente, sería la Biblia porque nunca me cansaré de ella.

Nunca tendría suficiente tiempo en la cárcel para agotar las riquezas que se encuentran en el texto bíblico. Pero dicen: “Esperen un momento. La Biblia es una colección de libros. Es como obtener una biblioteca completa: tiene 66 libros. Si solo pudiera tener un libro de la Biblia en su celda, ¿qué libro le gustaría tener?

Por lo general no dudo al respecto y digo: “Me gustaría tener el libro de Hebreos”, y eso a menudo sorprende a la gente. Y dicen: “Pensábamos que usted, R.C. era un teólogo y que seleccionaría Romanos. Y yo digo: “Bueno, no. He visto tanto con Romanos, que si estuviera en la cárcel de seguro podría recordar casi todo sin necesidad de tener el libro frente a mí. Pero Hebreos da tal vasto resumen de toda la historia redentora en términos de sus múltiples alusiones al Antiguo Testamento y la manera en que el Antiguo Testamento se cumple en la persona y obra de Cristo en el Nuevo Testamento. Creo que ese es el único libro de la Biblia que elegiría si tuviera solo una opción.” Bueno la gente fue más específica aún. “¿Qué capítulo te gustaría tener? ¿El capítulo 14 de Juan o el 13 de 1 de Corintios? ¿Cuál es tu favorito? Y así…

Finalmente llegan al versículo de la vida. Ellos dicen: “¿Cuál es tu versículo favorito?” Si solo pudieras tener un solo verso para leer una y otra vez en la cárcel, ¿qué versículo elegirías?

Bueno, para mí esa elección es fácil. El versículo que elegiría es Génesis 15 verso 17, y quiero leer este versículo hoy, porque cuando escuches este versículo, quedarás impresionado. Vas a tener escalofríos de arriba abajo en la columna vertebral. Esto va a ser tan emocionante, tan alucinante, que no querrás esperar hasta poder salir e ir volando a subrayarlo en tu propia Biblia. Génesis 15:17 – escucha lo que dice este verso: “Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.”

¿No es increíble? Ahora, aquellos de ustedes que están escuchando, tienen que entender que hay personas frente a mí que me están mirando como si hubiera perdido mi muy querida razón. Sus ojos revelan una sensación de perplejidad e incertidumbre y dicen: “¿Qué clase de locura es esta que llamas a eso tú versículo favorito de todas las Escrituras?

Déjame asegurarte, que no te estoy tomando el pelo. Estoy hablando en serio. Este sería el verso que quisiera oír y leer todos los días si es que fuera a prisión. Permíteme leerlo otra vez. “Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.” Ahora, creo que la razón por la que tengo tantas miradas extrañas cuando digo esto es porque no estamos familiarizados con algunas de las costumbres y prácticas que se realizaban en el Antiguo Testamento, y no entendemos el significado, el simbolismo, de lo que se está comunicando en Génesis 15:17;

Y para entender esto, tenemos que retroceder un poco hasta el comienzo del capítulo y ver el contexto, el contexto histórico, en el que aparece este verso. Hagamos esto. Veamos el capítulo 15 de Génesis, empezando en el verso 1. Leemos: “Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.” Ahora, escuchen, si estoy nuevamente en mi celda, qué feliz y aliviado me sentiría si Dios se me apareciera en medio de mi celda, y Dios me mirase y dijera: “R.C., no tengas miedo porque Yo soy tu escudo, y yo soy tu gran recompensa”.

¿Cómo te sentirías si estuvieras solo y perdido como José, encerrado en la prisión, y estuvieses solo en prisión, sin nadie que te visite ni que te preste atención, y de repente Dios apareciera en medio y te dijera: “No tengas miedo”? Bueno, una de las peores maldiciones de la vida humana es el miedo, pero si Dios viene y dice: “No tengas miedo”, el miedo desaparece.

Si Dios dice: “Yo soy tu escudo”, ¿qué hace un escudo? ¿Por qué tenemos miedo? Tenemos miedo al daño. Tenemos miedo de una tragedia o catástrofe que sobrevenga –sean lesiones personales o a algún ser querido, o la pérdida de propiedades, de un trabajo, o lo que sea.

Tenemos estos miedos porque no estamos completamente seguros como seres humanos frágiles y finitos. Pero, ¿y si entendiéramos que Dios es nuestro escudo? ¿Quién podría penetrar ese escudo? ¿Qué cosa sería capaz de penetrar ese escudo? Y Dios le dice esto directamente a Abraham. Abraham tiene una visión, y Dios dice: “Abraham, no temas, yo soy tu escudo y yo soy tu gran recompensa”. Ahora, Abraham quedó desconcertado por esto, y dijo: “Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?

Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.” El que habla aquí es un judío del mundo antiguo o al menos un semita, y está diciendo algo así: “Señor, si soy el hombre más rico del mundo en este momento” –porque Abraham era una de las personas más ricas de todo el mundo antiguo—“¿y estás hablando de una recompensa? ¿Qué le das a una persona que tiene todo?”

Y ahora Dios viene, y Abraham siente que Dios se burla de él. Él estaba diciendo algo como esto: “Oye, Dios, gracias por todos los beneficios que me has dado, pero lo que quería más que cualquier otra cosa que nunca he tenido. No tengo un hijo. Mi esposa es estéril.

No tenemos hijos, y uno nacido en mi casa, Eliezer de Damasco, mi siervo, él recibirá mi herencia. Todas estas cosas que me has dado, no tengo a nadie a quien darla, excepto a un extranjero. ¿De qué es esta recompensa que hablas? “Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.”

Entonces Abraham sale y mira hacia el cielo en el antiguo medio oriente donde la atmósfera es menos densa de lo que es aquí, donde las estrellas son tan brillantes, tan puntillosas en detalles, en términos de lo que se puede ver a simple vista en una noche estrellada en el medio oriente.

Y mira hacia arriba y la Vía Láctea se ve como una nube, densa con estrellas. Y Dios le dice a Abraham: “Cuenta las estrellas”. Estoy seguro de que Abraham entendió que Dios le estaba dando una tarea imposible. Estaba recibiendo un mensaje aquí, pero no creo que Abraham saliera y mirara las estrellas… ‘uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve…’

Todavía estaría contando. Porque si puedes contar las estrellas del cielo, “si las puedes contar… así será tu descendencia”. Una promesa fue hecha. Un pacto está naciendo aquí, donde Dios promete a Abraham, que no tiene hijos, descendientes que serán más innumerables que las estrellas del cielo.

Y leemos el verso 6: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.” Cuando hablamos de cómo somos redimidos en el plan de redención, la doctrina de la justificación por fe, que Pablo elabora tan magistralmente en Romanos – allí Pablo hace referencia a este pasaje cuando articula la doctrina de nuestra redención, donde somos redimidos no por las obras de la ley, sino por la fe en las promesas de Dios y por la fe en Cristo.

Pablo plantea la pregunta: “No fue Abraham justificado antes de hacer alguna de las obras de la ley? ¿No dice la Escritura: “y Abraham creyó a Jehová, y le fue contado por justicia?” Ahora analizaremos eso con más detalles más adelante cuando tengamos una serie acerca de la doctrina de la justificación, pero por ahora solo quiero que lo vean al paso, que aquí está la justificación de Abraham.

Dios le da una promesa y Abraham cree en Dios. No es que Abraham simplemente cree en Dios; Él le cree a Dios. Esa es la diferencia entre la conciencia teológica y la fe verdadera. No es suficiente creer que Dios es, la fe verdadera es creerle a Dios, confiar en Dios, vivir tu vida “coram deo” –delante de Su rostro, ante Su presencia—confiando en Él como tu redentor. Pero Abraham ahora es considerado justo por Dios debido a su expresión de fe, y ¿qué ocurre? Inmediatamente le asaltan las dudas.

Versículo 7: “Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.” Le ha prometido tierra, y le ha prometido descendencia. Ahora, ¿qué dice Abraham? –el mismo Abraham que hace un momento creyó a Dios y por lo cual fue considerado justo.

Y Abraham dijo: “Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?” Lo creo, estoy confiando, pero en este momento Dios, mi fe….—y me estás pidiendo que crea algo grande aquí: mi esposa es estéril y no puede tener hijos.

Soy un hombre viejo. Sí, ¿cómo vamos a tener una descendencia que sea más grande que el cielo, que las estrellas en el cielo? Creo en ti Dios, ayuda mi incredulidad. Me aferro con las uñas. –y casi me acerco a la pizarra y paso las uñas por el tablero, pero te ahorraré eso. Pero ¿sabes lo que es aferrarse a la fe con uñas y todo? Eso es lo que Abraham está haciendo aquí mismo.

Pero ¿ves lo que le está pidiendo a Dios? Él está diciendo: Dios, ¿cómo puedo estar seguro? ¿cómo puedo tener esta fe tan débil y tan frágil? ¿Cómo puedo estar seguro de que vas a hacer lo que prometiste hacer? ¿Te das cuenta de cómo cambiaría tu vida hoy, inmediata y dramáticamente, si realmente crees en la palabra de Dios?

Cada vez que tengo miedo, y mi miedo siempre llega a mi estómago. Sé cuándo tengo ansiedad porque la siento físicamente y detesto eso porque digo: Cada vez que tengo esos dolores y punzadas cuando el temor asalta mi alma, sé que esto pone en evidencia la debilidad de mi fe. Entonces, todos, como cristianos, tenemos esas debilidades y todos anhelamos una mayor seguridad porque si realmente creyéramos a Dios, no tendríamos miedo de nada y estaríamos haciendo su obra día y noche ¿cierto? Pero de todos modos, él es el padre de los fieles, pero también es el padre de los dudosos porque él dice: “Dios, ¿cómo puedo saberlo con certeza?”

Y escucha cómo Dios le responde. Dios le dijo: “Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino”. ¿Es esto extraño o no? Es decir, Dios dice: ¿quieres estar seguro? Bueno, entonces anda y consígueme una novilla, pero asegúrate que tenga tres años – trae su certificado de nacimiento—y consigue el carnero y la tórtola de tres años, y todos estos animales, le dice.

Y entonces él trajo todo esto y lo partió por la mitad, y colocó cada pieza opuesta a la otra. Ahora, fíjate que estos animales son traídos y Abraham los corta por la mitad, pero no los corta a la mitad por la cintura. Él corta estos cuerpos por el centro mismo, de pies a cabeza, y luego coloca estas piezas separadas unas de otras, pero de punta a punta.

Trajo todo esto, lo cortó en dos, por el medio, colocó cada pieza opuesta a la otra, pero no cortó las aves en dos. Y cuando los buitres bajaron sobre los cadáveres, Abraham los separó. ¿No es esto significativo? Dios le dice que pase por este ritual tan elaborado, esta extraña ceremonia de cortar estos animales por la mitad y luego tumbarlos uno frente al otro en el suelo.

Ahora, ¿qué va a pasar? Tan pronto como esto se haga, ¿quién viene? Los buitres. Pero lo que estamos viendo aquí, lo que estamos leyendo aquí es una ceremonia de alianza donde Dios responderá la pregunta de Abraham: “¿Cómo puedo estar seguro? Dios ahora está dramatizando con una señal externa y sella la garantía de Su promesa a Su siervo.

Y tan pronto como comienza la ceremonia, los buitres están en camino. ¿No es ese el caso siempre? Cada vez que Dios hace una promesa, incluso antes de que tengamos esa promesa en nuestra alma, los buitres están allí para arrebatarla, para comerla, destruirla, devorarla. Pero Abraham se los llevó.

Ahora, el versículo 12 dice: “Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él. Y en medio de esta horrible oscuridad, Dios habla de nuevo y le dice a Abraham: Sé con certeza que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, les servirán, los afligirán 400 años, y también a la nación a quien ellos sirven, Yo juzgaré. Esto es sobre la esclavitud en Egipto, Esto es acerca de una futura profecía del Éxodo.

Y después saldrán con grandes posesiones. Y en cuanto a ti, irás a tus padres en paz. Serás sepultado en una buena vejez. Pero en la cuarta generación, ellos regresarán aquí, por la iniquidad de los amorreos aún no está completa. Ahora, aquí viene. Escucha. “Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.” ¿Qué significa esto? Lee el siguiente verso. “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram,” Esta es una ceremonia de pacto.

El concepto de pacto en el Antiguo Oriente era que un pacto no estaba escrito, sino que estaba cortado. Los convenios fueron ratificados por algún tipo de rito de corte. La circuncisión era una señal, un ritual de corte. Bueno, en este caso lo que se está cortando son los animales, y cuando se ponen uno frente al otro, separados, Abraham está en este profundo sueño; Y he aquí en su visión nocturna, ve esta olla humeante y esta antorcha encendida moviéndose entre las piezas. Lo que tenemos aquí es una teofanía.

Una teofanía es una manifestación externa y visible del Dios invisible –ese mismo Dios que se manifiesta en la teofanía de la zarza ardiente, que arde pero que no se consume cuando aparece frente a Moisés. Es el Dios que manifiesta su presencia en la columna de humo y en la columna de nube. Es el mismo Dios que la Biblia dice que es fuego consumidor.

Esta era la manera normal de Dios de revelar su presencia de una manera en que los seres humanos podían contemplarlo. Lo que Abraham está viendo aquí, amados, es Dios moviéndose entre los pedazos de estos animales muertos. Pero ¿por qué lo está haciendo? Él no está acá realizando un ritual de tortura corporal para probar su masculinidad, sino que, lo que Dios le está diciendo a Abraham es esto:

Abraham, te prometí algo. Me creíste, pero no estabas seguro. Querías saberlo con certeza, y dijiste, ¿cómo puedo estar seguro? Y te dije que cortaras estos animales, y ahora me he movido entre los pedazos porque lo que te estoy diciendo Abraham, es que, si esta promesa no se hace realidad, si mi palabra no se cumple, lo que le has hecho a estos animales aquí en el suelo me suceda a mí. Que yo sea cortado. Que el Dios inmutable sufra una mutación. Que el Dios que existe por sí mismo deje de existir.

Es por eso que el autor de Hebreos, más tarde cuando cuenta este incidente en la vida de Abraham, dijo: “Como Dios no podía jurar por nada mayor, juró por sí mismo.” Dios no dice: “Mira Abraham, para estar seguros que mi palabra se cumplirá, que me caiga un rayo y me parta en dos esto no es cierto” o “juro por el templo en Jerusalén” o “juro por el cielo” o “juro por la tumba de mi madre.” No, no.

Dios hace un juramento aquí y dice: Juro por mi deidad. Pongo en peligro mi ser y si no cumplo esta promesa a Abraham, puedo dejar de ser Dios. No hay nada más elevado a lo que Dios pueda apelar como un voto, como un juramento a la verdad, que su propio ser. Eso es lo que comunica este verso, que cuando Dios hace el pacto y la promesa de la redención de las personas y de la tierra a Abraham, Él lo confirma con un juramento. Él jura por sí mismo. Él pone su propia deidad en riesgo a fin de dar certeza a su promesa.

Es por eso que cuando estoy en mi punto más bajo de mi vida y mi fe tambalea, quiero leer este texto una y otra vez. Ya he mencionado la observación de que seguramente nuestras vidas diferirían mucho de cómo son ahora si nuestra fe en Dios fuera perfecta.

La duda desgarra nuestras almas y cualquier fe que tengamos es una fe vacilante. Es una fe que se puede aumentar. Es una fe que puede ser disminuida, y anhelamos más seguridad. Anhelamos una mayor certeza de la que ahora disfrutamos y poseemos. Hice la declaración de que nuestras vidas serían diferentes, si es que realmente creyéramos perfectamente en las promesas de Dios.

Hoy quiero pedirte prácticamente que pienses sobre esto, específicamente con esto en mente. ¿Cómo sería tu vida diferente si estuvieras absolutamente seguro de cada una de las promesas de Dios que Él te da en las páginas de las Escrituras? ¿Cómo cambiarías tu vida? ¿Qué diferencia, específicamente, haría en tu vida?

Quiero que pienses en esto y que reflexiones al respecto. Es algo muy importante en lo cual pensar porque es casi como tomar nuestra temperatura espiritual y también nos inclinará y nos llevará a leer más profundamente sobre estas promesas de Dios para que podamos tener nuestras almas fortalecidas.