Renovando Tu Mente | La creación: El acto de apertura
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Transcripción

Mientras venía de camino en mi auto encendí la radio y empecé a escuchar uno de esos programas de noticias muy conocidos y que uno reconoce porque más o menos todos tienen el mismo formato. El narrador empieza su reporte diciendo, “Estos son los titulares” y después de leer los más importantes, viene una breve pausa para luego decir, “Ahora el desarrollo de las noticias”. Esa es la estructura de cómo se dan las noticias.

Bueno, cuando miramos un drama, tal como lo haremos hoy mientras estudiamos el drama de la redención, y pensamos en las producciones dramáticas del teatro, sabemos que están usualmente estructuradas de acuerdo a actos y conforme a escenas. Habrá un Acto Uno, Escena Uno, Escena dos y así sucesivamente. Muchas obras tienen tres actos. Y si miramos el Drama de la Redención, veremos que hay ciertas etapas que toman lugar, y podría decirse que, en la elaboración de esta redención, el Acto Uno sería la narración bíblica de la creación.

Vemos que el Acto Uno establece la escena para todo lo que se desarrollará en el drama; y una de las cosas extraordinarias es, creo yo, la total magnitud del tamaño de la Escritura—¡66 libros compilados en un solo libro!

De hecho, la Biblia no es solo un libro, es una biblioteca. Son 66 libros puestos juntos, y cuando empezamos con la página uno del Acto Uno, la primera declaración del Antiguo Testamento es, ¿qué?: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. De tal forma que en la primera página oímos acerca de la creación del universo. Y luego oímos de la creación de los seres humanos, y todas esas obras de creación son relatadas para nosotros en los primeros dos capítulos de la Biblia.

El capítulo tres del Génesis nos entrega el Acto Dos, el registro de la caída de la humanidad y la caída de toda la creación. Y todo lo que aparece desde Génesis tres hasta el final del Apocalipsis es acerca de la redención.

¿No es esto increíble? ¿Que solo dos capítulos son para la creación, uno a la caída, y el resto de la Escritura está dedicado al Señor revelándonos el Drama de la Redención?

Bueno, cuando observamos la creación de Adán y Eva, su situación en el paraíso, lo observamos en términos del pacto.

El de ahora no es el pacto que existe entre los miembros de la Divinidad, el que ya hemos examinado—el pacto de la redención—sino que ahora hay una relación de pacto entre el creador y la criatura—entre Dios y Adán y Eva.

Es importante que entendamos que, en este pacto particular, las partes del acuerdo no son iguales. Estamos familiarizados con los pactos en la sociedad. Quizás el más familiar sea el pacto matrimonial en donde dos personas van juntas delante de Dios para hacer promesas solemnes, hacer un juramento sagrado en los votos y ponerse de acuerdo en los términos de su relación.

Ellos prometen que van a hacer cosas por y para ellos juntos que serán de beneficio mutuo. Esa es la estructura de pacto matrimonial. Entonces se presume que tenemos dos partes iguales compartiendo en ese pacto o en ese contrato.

Ahora, cuando uno tiene delante contratos industriales entre una compañía y sus empleados, hay una persona que es el superintendente y hay otra persona que es el empleado. Ahora, este contrato involucra obligaciones y promesas de ambos lados, pero no se trata de partes iguales.

El empleado no puede despedir a la compañía, pero la compañía puede despedir al empleado. Entonces no todo es igual en este tipo de relación de pacto. Y digo esto por la siguiente razón: Cuando Dios hace un pacto con sus criaturas, este no es un pacto entre partes iguales.

Hay un soberano en esta relación, y hay un subordinado en esta relación, y obviamente es Dios quién es soberano. Y el Señor no está requerido a entrar en ninguna clase de acuerdo con nosotros. Cuando crea a sus criaturas, Él no le debe a esas criaturas nada. Sin embargo, sí se involucra en la creación de pactos, y esa es la relación que nosotros llamamos en teología una Relación de Pacto—una relación basada en un acuerdo de pacto con promesas y bendiciones que surgen del mismo pacto.

Entonces, cuando Dios crea a Adán y Eva los pone en el Jardín del Edén, les da bendiciones producto de su gracia. Ellos no merecen nada. En primer lugar, ellos no se han ganado el derecho a existir. No se han ganado el derecho a la vida, o aun la continuidad de su existencia.

Dios pudo haberlos creado, los hubiera disfrutado por cinco minutos y luego destruirlos si así lo hubiera querido. Pero, en vez de eso, producto de su benevolencia, de su bondad, Él se inclinó o condescendió para hacer un pacto con sus criaturas.

Ahora, la pregunta es, ¿Cómo es que llamaremos a ese pacto? Bueno, ha sido llamado de diferentes maneras, y quisiera tomar unos pocos minutos hoy para ver las diferentes formas en las que este arreglo, o esta relación que Dios estableció con sus criaturas, fue estructurado.

Algunos se refieren al pacto que Dios hizo con Adán y Eva como el “Pacto de la Creación” y éste se refiere a las reglas, las promesas y todas aquellas cosas que Dios le dio a la humanidad antes de que hubiera una caída. Antes de que el pecado entrase en el mundo, ya hubo una ley. Ya hubo un mandamiento. Cuando Dios creó a Adán y Eva, les dio mandamientos. Les dijo a ellos, “Fructificad y multiplicaos”. Él los puso en el Jardín del Edén, pero no simplemente para que lo disfruten.

Él les dio una tarea para que participen en el mantenimiento de lo que Dios ha hecho. Él les ordena a Adán y Eva que disfruten del Jardín y de los frutos del huerto. “De todo árbol del huerto podrás comer”, les dijo. Él les dio las bendiciones de la vida, de la nutrición y del sustento, pero también les dio responsabilidad—no solo la responsabilidad de ser fructíferos, procrear, multiplicarse—les dio la responsabilidad de nombrar los animales, lo cual, en términos sencillos, es el nacimiento de la ciencia. Es el nacimiento de la clasificación de los objetos en el mundo físico, que es justamente de lo que trata la ciencia.

Pero no es solo esto. Les da la responsabilidad del cuidado del Huerto. Les dice que ellos deben guardar el jardín y reponer el huerto. Por eso es que entendemos que, en la creación, Dios le da a la humanidad una tarea por realizar.
Algunos de nosotros tendemos a pensar que el trabajo es la maldición de la Caída.

Veremos más adelante la maldición de la Caída, pero el trabajo no es parte de esa maldición. Cómo es que nuestro trabajo se desarrolla después de la Caída sí es parte de la maldición. Se hará con fatiga, la tierra opondrá cierta resistencia y tendremos que lidiar con las espinas y los abrojos y todo lo demás,

pero la misma realidad del trabajo mismo no es una maldición. Esta desarrollado en la creación. Dios creó a esas personas y les dio un trabajo por hacer porque Dios mismo es un Dios trabajador. Seis días trabajó Dios para crear todas las cosas que existen y luego santificó el séptimo—lo santificó, lo bendijo.

Y por inferencia, nuestra tarea es reproducir y reflejar el carácter laboral de Dios. Somos seres creados para trabajar. También fuimos creados para descansar. Fuimos creados para reanimarnos y también fuimos creados para la santidad—para reproducir y reflejar a ese Dios que es santo, quién trabaja y quién descansa.

Pero en estas tareas que Dios nos entrega, hay promesas de vida. Él establece en su Jardín un árbol que no debía ser tocado, que es llamado el árbol de la ciencia del bien y del mal y también hay un árbol de la vida, del que oímos de forma esporádica en las Escrituras.

Ahora, con el fin de que el ser humano alcance la vida eterna—él no la tiene en el jardín. Él es creado con la capacidad de morir. No somos por naturaleza o de forma intrínseca inmortales. Ahora, la Escritura deja en claro que Adán y Eva no morirían a menos que pecaran, pero para que ellos alcancen la bendición de la eterna comunión con Dios, primero deberían manifestar obediencia antes que ellos siquiera puedan saborear al árbol de la vida.

Y así, muchos de los eruditos bíblicos ven el drama de lo que está pasando en el paraíso como el drama del período de prueba, que fuimos creados a la imagen de Dios, pero que fuimos puestos a prueba. Hubo una examinación. Teníamos obligaciones que estábamos llamados a obedecer y promesas de bendiciones si en realidad las obedecíamos.

Ahora, a eso le llamamos, como dije, el “pacto de la creación”, y es importante que entendamos que el pacto de la creación es el pacto que no solo fue hecho entre Dios y dos personas—Adán y Eva—sino que con este pacto que Dios hizo con Adán y Eva, Él está haciendo un pacto con todos los seres humanos.

El pacto es con Adán y Eva y con todos sus descendientes. Entonces, cuando hablamos de este pacto, decimos que no es solo un pacto que Dios simplemente hizo con los judíos o que Dios hace con los cristianos. Es un pacto que Dios hace con man qua man—con todos los seres humanos.

Ahora, ¿Por qué es importante para nosotros recordar esto? Bueno, ten en mente que, si cada persona humana está en una relación de pacto con Dios, esto significa que no hay salida para nosotros. Si una persona no cree en Dios, eso no lo libera de la obligación de obedecer los términos del pacto de la creación.

Estamos en el pacto de la creación en virtud de ser descendientes de Adán y Eva. Todos los seres humanos están en una relación de pacto con Dios. La única diferencia es que algunos somos guardadores del pacto y otros somos quebrantadores del pacto, y todos nosotros hemos quebrantado el pacto.

Lo que estoy diciendo es que estamos siempre en una relación de pacto con Dios—todos nosotros—y que estamos allí ya sea en una relación positiva o negativa, porque si rompemos y violamos los términos del contrato que tenemos con nuestro creador, esto no anula el contrato.

He dicho todo esto para decir que esto simplemente significa que cada ser humano es responsable delante de Dios por su vida. Podrías decir, “Yo escogí el salirme de esa relación”. No puedes. Serás contado como responsable. Estás en una relación con Dios.

La única pregunta es la siguiente, ¿Es una relación de distanciamiento o es una relación de redención? Allí radica el conflicto en el drama. Ahora, hay un gran argumento en teología acerca de cómo es que también llamaremos al pacto de la creación.

Algunas veces nos referimos al pacto de creación como el pacto de obras y distinguimos la idea de un pacto de obras de un pacto de gracia. Ahora, tal distinción es significativa y tiene sentido, pero tenemos que ser muy, muy cuidadosos con eso, y algunos protestan diciendo: “No deberíamos hablar de un pacto de obras en absoluto”.

Lo que se trata de decir con un pacto de obras es que los términos de las promesas y las bendiciones de este pacto están directamente basados en nuestro comportamiento—ya sea que obedezcamos o no a Dios.

Y cuando observas la historia del Génesis y ves el ambiente y la relación entre Dios y Adán, Él dice, cuando Dios lo dice negativamente, que no están autorizados a tocar el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal—Él dice, “… porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.

Entonces Dios está diciendo, ya sea que vivas o que mueras, ya sea que seas maldito o que seas bendecido, todo depende de ¿qué? De tu comportamiento—de tu obediencia o de tu desobediencia. Esto es que el ser humano será juzgado por sus obras de acuerdo al pacto de obras.

Pero aquellos que objetan esa designación dicen, “Pero RC, aun el pacto tiene gracia” y ellos tienen razón porque, como he dicho antes, Dios no está bajo ninguna obligación de entrar en un pacto o en un acuerdo con sus criaturas. La misma prueba que ofrece una promesa de bendición viene de la misericordia y asentimiento de Dios.

Parte del problema que tenemos es que queremos hacer una absoluta distinción entre la ley de Dios y la gracia de Dios, y nos olvidamos que aun la ley de Dios es una expresión de su gracia porque el contexto en el cual Dios da su ley a la humanidad es en el contexto de ese pacto, compromiso o acuerdo.

Pero simplemente lo que se quiere establecer con la distinción entre pacto de obras y pacto de gracia es esto:
Que Dios en su gracia hizo un acuerdo con una promesa de bendiciones si las obras fueran realizadas, pero todavía se requieren obras. Todavía se requiere una obediencia que Adán y Eva fallaron en cumplir, y por eso fracasaron en su prueba. Ellos no pasaron el examen.

Hoy no hay manera en que ellos pudieran, de algún modo, por sus obras, ganarse las bendiciones prometidas. Que Dios no destruyó sus criaturas después de la caída en el paraíso, y el hecho que Dios continúa trabajando por la redención de personas, manifiesta de forma dramática su gracia, y así la distinción entre el pacto de obras y el pacto de gracia es este: el pacto de obras se refiere al nivel inicial de acuerdo entre Dios y Adán y Eva. Este se basa en obras.

Cuando el ser humano fracasó en tal pacto, todo el resto de la historia redentiva es una redención que es prometida por Dios a su pueblo, pero no sobre la base de su desempeño, sino sobre la base de su pacto de gracia—esto es, después que pecamos, cuando Dios nos manda ser perfectos, ¿qué podemos hacer para compensar tal imperfección?

Somos como Lady Macbeth. Nos lavamos las manos para quitarles las manchas de sangre y gritamos, “¡Fuera, fuera mancha maldita!” Pero no hemos sido capaces de encontrar un detergente que sea lo suficientemente fuerte para limpiar tal pecado.

Esto es fácil, ¿no es cierto? Si se nos ha mandado ser perfectos y pecamos una vez, de allí en adelante es imposible ser perfecto porque una criatura perfecta no tiene pecados. Podríamos tener esos pecados perdonados, olvidados y no castigados, pero eso no significa que no sucedieron. Algunos de nosotros estamos seducidos por la idea de que Dios clasifica sobre una curva, y después de todo, nadie es perfecto.

¿Cuántas veces has oído la expresión, “Todos tienen derecho a equivocarse”? Bueno, Dios no le da derecho a nadie, y eso incluye a todos, a cometer algún error. Pero, por el bien de la discusión le diré a los que dicen, “Todos tienen derecho a equivocarse” que, “Dios no te da derecho a un error, pero está bien, si ya tuviste uno, ¿hace cuánto que ya usaste el tuyo?”

Y hace mucho que pasamos el primer error, por lo que no hay manera de que podamos tener una relación con un Dios santo que es absolutamente justo y que requiere perfección de sus criaturas. La única manera en la que es factible tener relación con Dios como esa es por gracia.

Esa es la razón por la que la historia de la redención y el drama de la redención es un drama cuyo tema recurrente es la gracia. Gracia, gracia. El concepto de gracia es fácil de articular. Es fácil de definir, es fácil de entender, pero es el concepto más difícil de incorporar en el torrente sanguíneo para un ser humano caído.

El entender que no podemos, en y para nosotros mismos, cumplir el pacto de obras. El pacto de obras fue cumplido, sí, pero no por Adán y no por mí y no por ti, sino por el nuevo Adán, el segundo Adán, quién para nosotros, seres humanos, y por nuestra salvación se sujetó a sí mismo a los términos de tal pacto y lo cumplió perfectamente en nuestro nombre.
Hoy, mientras consideramos este concepto del pacto de creación, quisiera que entendamos que toda la creación en la que vivimos es gobernada por Dios.

Algunas veces hablamos de las leyes de la naturaleza como si esas leyes fueran algún tipo de fuerza abstracta—fuerzas o una legislación que existe completamente fuera de Dios. Todas las leyes de la naturaleza no son creadas por la madre naturaleza porque no hay una madre naturaleza. Esas son simplemente las reglas o los métodos con los cuáles Dios sostiene su universo.

Las leyes de la naturaleza son las leyes de Dios, pero no solo Dios implanta leyes físicas por las cuales la naturaleza debe comportarse—las leyes de la gravedad que hace que la piedra caiga cuando uno la suelta—sino que también da leyes morales a su creación—a ti y a mí—y nadie es autónomo, como si no hubiera leyes sobre ellos.

Podemos rebelarnos contra el dador de la ley, podemos rebelarnos contra el creador, podemos despreciar al creador, podemos negar al creador, pero no podremos escapar del creador. Y tú estás ahora mismo, donde quiera que estés o quién sea que fueres, en relación con Dios. Y en tal relación, esa relación está definida por Sus leyes, no por tus preferencias o por tus deseos o por tu voluntad; y una vez más, el único tema es la naturaleza de tu relación.

¿Es de distanciamiento, o es de reconciliación? El drama de la redención es el drama de Dios reconciliando personas que han roto su ley y que están alejados de Él debido a eso.