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El salmo de David el pastor
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El Señor es mi pastor, nada me faltará

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie “El Salmo 23”, publicada por la Tabletalk Magazine. 

Pasaron muchos años antes de que pudiera decir: “Amo el Salmo 23”. Todavía puedo ver la portada de la versión del libro de cuentos de mi hijo. Allí está David, con mejillas color rubí y cabello rizado, con el cayado de pastor a su lado, ovejas inmaculadas a su alrededor. Él era el niño modelo, todo lo que yo no era. Este chico perfecto me condenó.

Me tomó más de veinte años y algunas penas mayores antes de que se pudiera abrir esa puerta que tenía cerrada. Ese niño no escribió este salmo. El David del Salmo 23 necesitaba la restauración del alma (v. 3): había visitado “el valle de la sombra de la muerte”; se enfrentó al “mal” (v. 4); él tenía enemigos (v. 5). Este fue un creyente bien probado hablando de una larga experiencia con Dios. Su confianza en el futuro se basó en experiencias del pasado.

Lo que Jacob y David vieron solo vagamente, Jesús lo vio claramente. El Pastor debe sufrir por Sus ovejas.

Pero David no estaba replanteando todo simplemente por su propia experiencia. Él no es la primera persona en la Biblia que dice: “El Señor es mi pastor”. Simplemente se estaba aplicando a sí mismo algo que había aprendido de Jacob.

Génesis 48:15-16 registra la escena al final de la vida de Jacob cuando bendice a José y a sus dos hijos:

El Dios delante de quien anduvieron mis padres Abraham e Isaac,
el Dios que ha sido mi pastor toda mi vida hasta este día,
el ángel que me ha rescatado de todo mal, bendiga a estos muchachos.

Jacob no había sido la oveja más fácil. Incluso después de su encuentro con el ángel en el vado de Jaboc, necesitaba ser desenredado. Su triste repetición de la locura de sus padres de tener hijos favoritos llevó a la disfunción familiar, los celos, el pecado y la tristeza. Pero ahora miró hacia atrás con una visión clara y se maravilló de la forma en que el Pastor lo había perseguido y lo había preservado, lo había herido solo para protegerlo y le había producido tanto bien. Su hijo José ya había visto eso (45:5-8), y más tarde lo confirmaría: lo que otros pensaban para el mal, Dios lo usó para bien (50:20); la versión del Antiguo Testamento de Romanos 8:28.

David había aprendido que lo que fue cierto para Jacob también era cierto para él. Y sin mencionar situaciones específicas en su propia vida, describe el pastoreo del Señor de una manera que muestra cuán aplicable es para cada situación en nuestras vidas también.

Cuando sabes que el Señor es tu Pastor, puedes estar seguro de que no te faltará nada. En otra parte, David registra que incluso en la vejez nunca había “visto al justo desamparado, ni a su descendencia mendigando pan” (Sal. 37:25).

El verbo que David usa (“nada me faltará”/”nada querré”) aparece en otra parte. Durante las peregrinaciones en el desierto, a la gente no le faltó nada (Éx. 16:18). Moisés pudo decir: “Por cuarenta años el Señor tu Dios ha estado contigo; nada te ha faltado” (Dt. 2:7). Dios prometió que lo mismo sería cierto en la tierra que les estaba dando (8:9). Él había hecho provisión para esto en la ley concerniente a la espiga (Lv. 19:9-10).

Por lo tanto, David probablemente también estaba pensando en cómo Jehová había guiado a la multitud por el desierto (Sal. 77:20; 78:32) y había demostrado ser el “Pastor de Israel” (80:1). Si Jehová pudiera proveer para ese enorme rebaño, concluyó David, entonces seguramente podría hacerlo para una sola oveja. Y ahora el Señor había vindicado su fe satisfaciendo todas sus necesidades.

Lo que al principio parece una lección de pastoreo del Pastor resulta ser la confianza de un creyente basada en la verdad de la Palabra de Dios y la revelación de Su carácter. Quizás esto es menos del David pastor pensando en cuidar ovejas y más del David expositor que se aplica la Palabra de Dios a sí mismo. Así, vino a compartir la fe de Jacob y experimentar la provisión soberana del Dios del éxodo.

Jesús vio un significado profundo en estas palabras; debe haberlos cantado con alegría. Miró hacia atrás a Sus padres Jacob y David y como ellos confiaron en su Padre para satisfacer todas Sus necesidades. De hecho, como Él explicó a Sus desconcertados discípulos, Su Padre le proporcionó Su alimento: “Yo tengo para comer una comida que vosotros no sabéis… Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo Su obra” (Jn. 4:32, 34).

Pero Jesús también debe haber leído el Salmo 23 con un profundo sentimiento de carga. Porque Él sabía que, en última instancia, Él mismo era “el Buen Pastor” que “da Su vida por las ovejas” (10:11, 14). Lo que Jacob y David vieron solo vagamente, Jesús lo vio claramente. El Pastor debe sufrir por Sus ovejas.

Como el Buen Pastor, Jesús tomaría el lugar de Sus ovejas y sería llevado al matadero (Is. 53:7). Para ellos, Él sería herido (Za. 13:7; ver Mt. 26:31). Él daría todo de Sí mismo para proporcionarnos todo. ¿La implicación? Como Él no fue eximido sino que fue entregado por todos nosotros, podemos estar seguros de que Él nos dará todo lo que necesitamos (Ro. 8:32).

Esto es lo que quiere dejar dicho un cristiano al decir: “El Señor es mi pastor, nada me faltará”.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Sinclair B. Ferguson
Sinclair B. Ferguson
El Dr. Sinclair B. Ferguson es profesor de Ligonier Ministries y Catedrático de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito más de dos docenas de libros, entre ellos, Solo en Cristo.