Él restaura mi alma | Ligonier Español
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Me guía por senderos de justicia por amor de Su Nombre
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Él restaura mi alma

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie “El Salmo 23”, publicada por la Tabletalk Magazine. 

Los pasajes en la Biblia con los cuales el creyente está familiarizado pueden ser un problema. Los hemos escuchado y leído muchas veces. Tal vez hayamos escuchado predicaciones de ellos con frecuencia. El resultado es que ya no pensamos en ellos cuando los leemos o cuando los escuchamos siendo predicados. Creemos que sabemos lo que significan. En ocasiones es bueno detenernos cuando los leemos, analizarlos frase por frase, palabra por palabra, preguntándonos qué significan. Es bueno pensar, reflexionar y meditar en ellos, para que podamos escucharlos de nuevo y oír la Palabra de Dios hablándonos como si fuera la primera vez.

“Él restaura mi alma”. Cuatro palabras sencillas en español. Dos palabras sencillas en hebreo. Pero, ¿qué significan? ¿Qué nos dicen? ¿Qué deberían decirnos? Tenemos ante nosotros la imagen del Pastor con Su rebaño. Las imágenes en el versículo 2 son claras. Podemos ver los exuberantes pastos junto al tranquilo arroyo donde el rebaño descansa bajo la protectora mirada de su Pastor. Pero ¿”Él restaura mi alma”? ¿Qué imagen traen esas palabras a tu mente? ¿Cómo vemos al Pastor restaurando las almas de Su rebaño? Es fácil pensar que tal vez David haya cambiado su enfoque aquí de la oveja a la persona. Pero las siguientes frases también se refieren al rebaño y a la dirección del Pastor, haciéndonos reflexionar sobre la conexión de esta cláusula con las que preceden y con las que siguen.

El Buen Pastor no solo trae de vuelta a las ovejas descarriadas, sino que da vida a los muertos.

Él restaura. Es en este punto que recibimos ayuda de otros pasajes que también utilizan la analogía del pastor. Tal vez el mejor pasaje del pastor en el Antiguo Testamento sea Ezequiel 34. Este pasaje bien pudo haber estado en la mente de Jesús cuando comenzó Su discurso sobre el Buen Pastor en Juan 10. En Ezequiel 34, escuchamos al Señor condenar a los pastores de Israel. Parte de su culpa es que no habían traído de vuelta a las ovejas que se habían extraviado (v. 4). Cuando el Señor más adelante en el pasaje declara que Él mismo será Su Pastor, dice, en parte, que traerá de vuelta a las ovejas que se han descarriado (v. 16). Ahí está la conexión que estamos buscando. Tendemos a ver a las ovejas que yacen pacíficamente en el prado y olvidamos que las ovejas son animales desorientados. Se levantan, caminan alrededor, se extravían. Es la tarea del pastor traerlas de vuelta. En el salmo, entonces, vemos al Pastor activo, yendo tras aquellas ovejas que se han desviado y trayéndolas de vuelta al rebaño. Y nosotros somos consolados, sabiendo que nuestro Buen Pastor no permitirá que nos alejemos demasiado. Él nos buscará y nos traerá de vuelta al rebaño.

Mi alma. Mi vida. Mi nephesh. El Buen Pastor no solo trae de vuelta a las ovejas descarriadas, sino que da vida a los muertos. Estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, y nuestro Buen Pastor nos da vida nueva. Las ovejas que están débiles, enfermas o heridas, el Pastor fortalece, sana y venda (Ez. 34:16). Él los restaura a la vida plena para que nuevamente puedan pararse, caminar y alimentarse, para que se mantengan como parte del rebaño. Nuestra vida anterior nos dejó no solo muertos en nuestros pecados, sino débiles, enfermos y dañados por nuestros pecados. Es el Buen Pastor, entonces, quien al restaurar nuestras almas venda nuestras heridas, sana nuestras enfermedades y nos da fortaleza en lugar de debilidad.

Nuestra nephesh no es solo nuestra vida, sino el asiento de nuestros apetitos. Al restaurar nuestras almas, Él nos hace tener hambre y sed de justicia. Él alimenta esa hambre y sacia esa sed. Nuestra nephesh es también el asiento de nuestras emociones. Al restaurar nuestras almas, Él nos da alegría en la mañana después de la noche de llanto. Él cambia nuestro luto en danza. Él desató nuestro cilicio de lamentación y angustia, y nos ciñó con la nueva vestimenta de alegría. El nephesh también se refiere ocasionalmente a nuestros acciones mentales, nuestro pensar y nuestro conocimiento. Al restaurar nuestras almas, el Buen Pastor renueva nuestro pensamiento y nuestro conocimiento. Comenzamos a entender las cosas de una nueva manera. La Palabra, que una vez no era más que palabras en una página, comienza a tener significado. Comenzamos a escuchar, entender y conocer la voz de nuestro Pastor. Escuchamos Su llamado y respondemos siguiendo Su dirección, incluso si nos lleva a través del valle de sombra de muerte.

Nuestra restauración tampoco es simplemente individual, aunque el salmo a menudo es leído como una promesa para el individuo. El Pastor nunca es el pastor de una sola oveja. Es el Pastor del rebaño. Al restaurar las vidas del rebaño, Él restaura también la vida del rebaño. Lo convierte en un rebaño de ovejas sanas y fuertes, capaces de unirse por el bien de la manada.

A excepción la nueva vida, nada de esta restauración es instantánea. La curación de los enfermos y los heridos toma tiempo. El fortalecimiento de los débiles toma tiempo. La renovación de los apetitos y de la mente toma tiempo. El Buen Pastor usa el rebaño en la restauración del individuo. A medida que el individuo se fortalece, el Pastor lo usa a su vez para restaurar a otras almas. Que seamos complacidos cuando nuestro Buen Pastor restaure nuestras almas para que podamos ser utilizados por Él en la restauración de las almas de los demás.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Benjamin Shaw
Benjamin Shaw
El Dr. Benjamin Shaw es decano académico y profesor de Hebreo y Antiguo Testamento en el Presbyterian Theological Seminary en Greenville.