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¿Cómo entonces “iremos”?

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie “La Gran Comisión”, publicada por la Tabletalk Magazine. 

Aparenta ser un mandamiento simple: “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones” (Mt. 28:19). Pero ¿quién exactamente se supone que vaya? Algunos argumentan que el mandato de Jesús de ir y hacer discípulos solo fue para los Apóstoles originales y que la Gran Comisión fue subsecuentemente cumplida por esos Apóstoles. Pero tal enorme tarea hubiera sido imposible que la completaran solo once hombres. Y la promesa de Jesús de estar con ellos “hasta el fin del mundo” implica que la validez de esta encomienda se extendería más allá de sus vidas. Si es así, la iglesia ha heredado esta comisión de los Apóstoles, y tiene la responsabilidad de obedecer el mandato de Cristo hasta que Él venga.

Es importante notar que la comisión de Cristo de ir y hacer discípulos es dada a la iglesia entera, no solo a cristianos específicos. Es muy popular el ver la Gran Comisión como un mandato para que cada creyente se involucre en el evangelismo. Y algunos defensores de las misiones han argumentado que a menos que tengas un llamado específico a permanecer en tu ciudad, debes llegar a ser un misionero transcultural en obediencia a la Gran Comisión. Aunque estos puntos de vista sean bien intencionados, se equivocan cuando tratan de colocar el mandato de Cristo en el contexto de la enseñanza del Nuevo Testamento respecto al cuerpo de Cristo.

Independientemente de nuestra ubicación en la vida, hay maneras en que podemos tener parte en hacer discípulos a todas las naciones.

El Apóstol Pablo escribió: “Pues así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, que somos muchos, somos un cuerpo en Cristo e individualmente miembros los unos de los otros. Pero teniendo dones que difieren, según la gracia que nos ha sido dada, usémoslos” (Ro. 12:4-6). Aunque todo creyente tiene un rol que desempeñar en la Gran Comisión, no todos tenemos el mismo rol.

Ciertamente hay algunos que tienen el rol de misioneros, evangelistas, pastores o maestros de Biblia. Y algunos irán al otro lado del planeta para cumplir con estos roles. En el mundo de hoy, hay una gran necesidad de misiones transculturales, y el campo misionero es un lugar fantástico para servir a Cristo. Pero no es para todos.

Cuando Jesús dijo: “Id”, no estaba ordenándoles a todos Sus discípulos que fueran al extranjero. Justo antes de Su ascensión, Jesús fue bien específico sobre las ubicaciones geográficas a donde Él esperaba que Sus discípulos fueran. Él les dijo: “me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hch. 1:8). Jesús y Sus discípulos estaban en Jerusalén cuando Él dijo estas palabras. Jesús quería que ellos comenzaran a testificar de Su vida, muerte y resurrección allí mismo donde se encontraban,en Jerusalén.

Pero no debían detenerse allí. Algunos irían a otras partes de Judea, compartiendo el evangelio con otros judíos. Pero otros trascenderían fronteras culturales y religiosas, haciendo discípulos en Samaria. Y mucho más allá, algunos de los discípulos de Jesús irían a los confines de la tierra, haciendo discípulos en lugares totalmente diferentes a su tierra natal.

Jesús dio por hecho que algunos de Sus discípulos irían a las partes más recónditas de la tierra. Pero Él no visualizó a todos Sus discípulos subiendo a un barco hacia alguna parte remota del mundo.  El Nuevo Testamento pone mucho más énfasis en la fidelidad en medio de la situación en la que nos encontramos que en las travesías físicas. Como escribió el Apóstol Pablo: “y a que tengáis por vuestra ambición el llevar una vida tranquila, y os ocupéis en vuestros propios asuntos y trabajéis con vuestras manos, tal como os hemos mandado; a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada” (I Ts. 4:11-12).

Aunque no todos nosotros volaremos alrededor del planeta para compartir el evangelio y tampoco vamos a enseñar y bautizar en nuestra iglesia local, eso no significa que no podemos involucrarnos en la obediencia al aspecto de “ir” de la Gran Comisión. Como sucedió con los discípulos originales que estaban en Jerusalén, nosotros procuramos vivir fielmente en el lugar donde nos encontramos, “estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (I Pe. 3:15). E independientemente de nuestra ubicación en la vida, hay maneras en que podemos tener parte en hacer discípulos a todas las naciones.

Para comenzar, podemos aprender sobre evangelismo y misiones. Lee una biografía misionera como la historia de Adoniram Judson o John Paton. Averigüa a cuáles misioneros sostiene tu iglesia. Suscríbete  a sus listas de correspondencia, lee sus cartas de oración y ora por ellos. Apoya a misioneros financieramente.

También recuerda que en nuestro mundo globalizado, la gente está viajando como nunca antes y ahora las naciones vienen a nosotros. Invita a un estudiante internacional a comer o hazte amigo de la familia inmigrante que recién se mudó al frente. Identifica en tu iglesia a los que podrían ser buenos candidatos misioneros y anímalos y apóyalos en esa dirección.

Aunque no todos los cristianos van a “ir” en el sentido físico, todos somos parte del cuerpo de Cristo y tenemos un rol que desempeñar. ¿De qué modo vas a “ir” hoy?

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Karl Dahlfred
Karl Dahlfred
El Rev. Karl Dahlfred es profesor asociado de misiones y de historia eclesiástica del Seminario Bíblico Bangkok en Bangkok, Tailandia, y es asistente del gerente general de Publicaciones Confraternidad Misionera de Ultramar en Tailandia.