Amando a la iglesia | Ligonier Español
Amando a nuestra familia
18 junio, 2018
Amando a nuestras comunidades
20 junio, 2018

Amando a la iglesia

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie “Amando a nuestro prójimo”, publicada por la Tabletalk Magazine. 

Para cuando se publique este artículo, habré dejado la iglesia a la que me uní por primera vez en 1996 y donde he servido como anciano durante gran parte de la última década. Estoy emocionado de irme; odio irme. Y el amor es la razón de por qué.

Sesenta de nosotros partimos para plantar una iglesia en nuestro propio vecindario. Queremos amar a nuestros vecinos no cristianos con una congregación cerca de ellos. Sin embargo, irse significa alejarse de las relaciones de discipulado uno a uno, dividir a los grupos pequeños y volver a priorizar quién es invitado a almorzar o cenar. Significa no compartir más oportunidades de comunión y ministerio semanales. Es desgarrador.

El amor compartido dentro de una iglesia es el amor de una familia (ver 1 Tim 5:1-2). Y como un hijo o hija que alcanza la mayoría de edad, a veces eres enviado, con toda la alegría agridulce que acompaña a este envío.

¿Qué crees que es el amor dentro de una iglesia? ¿Amas a tu iglesia? ¿Cómo?

Un modelo del amor de Dios

Traza una teología bíblica del pueblo de Dios a través de la historia de los pactos en la Biblia. Descubrirás que uno de los propósitos de Dios para Su pueblo especial es modelar lo que Él espera de todos los pueblos. Dios ordena a todos los que están hechos a Su imagen que lo amen a Él y a su prójimo. Pero Él especialmente usa a Su iglesia para ejemplificar tal amor.

Pero eso no es todo. La iglesia es donde la humanidad, o una nueva humanidad, comienza a amar a sus enemigos, tal como Cristo nos amó. Piénsalo. Todos aspirábamos a ser reyes en la carne. Lo que significa que los miembros de la iglesia son nuestros enemigos naturales, así que es dentro de la iglesia que practicamos el amar a nuestros ex enemigos.

La iglesia es donde la humanidad, o una nueva humanidad, comienza a amar a sus enemigos, tal como Cristo nos amó.

Un testimonio del amor de Dios

La iglesia no modela una marca genérica del amor. Lo que debemos mostrar es el amor de Dios en Cristo: “como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros” (Jn 13: 34-35). Jesús enfatiza el hecho de que el mundo sabrá que somos Sus discípulos, no por nuestro amor al mundo, aunque ciertamente es cierto, sino por nuestro amor mutuo. A través de nuestras prácticas bíblicas de palabras indulgentes y acciones piadosas, demostramos cómo es el amor de Cristo.

El mundo cree que entiende el amor. No es así. Solo conoce el amor de los juegos de suma de cero: “Quiero que ames menos a los demás para que puedas amarme más”. Sin embargo, el amor de Dios es un amor generativo. Crea más de sí mismo. Mira esto en Juan 17: el Padre ama al Hijo, y el Hijo al Padre. El Padre y el Hijo envían al Espíritu para formar un pueblo que recibirá el amor del Padre por el Hijo. Y a través del Espíritu, ellos aprenden a amar a Dios y el uno al otro así como el Padre, el Hijo y el Espíritu se aman mutuamente.

Sacrificio y obediencia

Nuestra cultura define el amor como dar a las personas lo que quieran. El amor significa priorizar la autoexpresión y la autorrealización.

Sin embargo, Jesús enseña que el amor conduce a la obediencia, y la obediencia es una evidencia del amor (Jn 14:21, 23; 15:10-11; 1 Jn 5:3). El amor no se deleita en el mal, sino que se regocija en la verdad. Presta atención a la voluntad del Padre. Desea el bien para los demás, pero ese bien siempre involucra a Dios y la obediencia a Su voluntad revelada.

El amor incluso implica disciplina. El Señor disciplina a aquellos a quienes ama. Una iglesia que nunca disciplina, o corrige el pecado, es una iglesia sin amor.

Misericordia y compasión

El amor en una iglesia también implica misericordia y paciencia, así como hemos recibido misericordia y paciencia. El amor cubre una multitud de pecados. Algunos de los miembros de tu iglesia son fáciles de amar. Algunos son difíciles. Y ese es el punto. Los fáciles de amar nos enseñan a amar los difíciles de amar: los fastidiosos, los inmaduros, los que no se presentan a tiempo cuando les toca servir en el ministerio de niños o cuyos hijos rechazan a los nuestros.

Si el amor es paciente y bondadoso, como dice Pablo, puedes asumir que serán las personas que nos tienten a la impaciencia y la falta de amabilidad las que mejor nos entrenen en los caminos del amor.

El amor por la iglesia comienza en una iglesia local, un lugar con personas reales con dones reales y problemas reales. Ponte a trabajar ahí, y luego deja que tu amor por otras iglesias locales, otras denominaciones y cristianos de todo el mundo crezca desde este semillero.

La reacción del mundo

El mundo amará y odiará lo que tu iglesia llama amor. Si solo lo aman, puedes estar seguro de que les estás ofreciendo un amor falso y mundano. El amor del Padre no está en el mundo, y por eso a veces llaman amor al odio y odio al amor.

Nuestra nueva iglesia , como tu iglesia, solo puede ofrecer una visión tenue del amor del cielo como en un espejo. La buena noticia es que podemos apuntar a nuestro vecindario a Aquel que los ama de manera perfecta —y a nosotros—, el perfecto que algún día vendrá a recibirnos plenamente en Su amor. Ese es el corazón de nuestra fe y esperanza.

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
Jonathan Leeman
Jonathan Leeman
Es Director Editorial de 9Marks y anciano de Capitol Hill Baptist Church en Washington, D. C. Ha escrito varios libros sobre la iglesia local.