Renovando Tu Mente | Depravación total: La voluntad humana
Elección incondicional
12 agosto, 2018
Depravación total: El pecado original
29 julio, 2018

Recibe programas y guías de estudio por email

Suscríbete para recibir notificaciones por correo electrónico cada vez que salga un nuevo programa y para recibir la guía de estudio de la serie en curso.

Transcripción

Cuando llegamos al tema de la doctrina de la depravación total, o la T en TULIP, sin lugar a duda, somos lanzados a la arena del debate sobre el libre albedrío. En realidad, la histórica controversia sobre el grado en que el pecado original nos corrompe realmente se centra en el tema del libre albedrío. No puede haber una conversación de cinco minutos sobre las doctrinas de la gracia o la doctrina de la elección sin que alguien pregunte ¿Qué pasa con el libre albedrío?

Y muy a menudo el debate sobre el libre albedrío se centra en dos marcos distintos. Por un lado, el tema de la libertad humana es el conflicto de la lucha frontal entre la relación de la soberanía de Dios y nuestra responsabilidad y nuestro poder para actuar como criaturas libres.

Pero el otro lugar donde la discusión del libre albedrío queda enmarcada es en el tema de la relación entre la caída, el pecado original y el poder de la libertad humana. Permítanme unos minutos para leer un resumen confesional de esta disputa tal como aparece en la «Confesión de Fe de Westminster», que es la declaración británica de Teología Reformada del siglo XVII en la que leemos lo siguiente: (cita) «El hombre, por su caída en un estado de pecado, caído absolutamente» – eso es totalmente – «ha perdido absolutamente toda capacidad. para querer algún bien espiritual que acompañe la salvación.

Así que, como un hombre natural, siendo enteramente opuesto a ese bien y muerto en pecado, no es capaz por su propia fuerza de convertirse a sí mismo o prepararse por sí mismo para ello».

Ahora lo que está diciendo esta confesión es apuntar al carácter radical de esta doctrina que afirma que la libertad del hombre en un área determinada se ha perdido por completo o totalmente por la caída; por la caída no es que el hombre ha perdido por completo su poder de elegir o de tomar decisiones, pero su poder moral para hacer ciertas cosas se ha perdido por completo.

Y esa cierta cosa que se resalta aquí es que el hombre ha perdido la capacidad de convertirse a sí mismo o de desear por sí mismo algún bien espiritual. Ahora aquí está el punto crucial en el tema de la doctrina de la depravación total. Se traduce en la doctrina de lo que se llama incapacidad moral.

Quiero tomar unos minutos para explicar este concepto. Y de nuevo podemos regresar al punto de vista de Agustín de la corrupción heredada. Pelagio no estuvo de acuerdo con esto y dijo que la caída de Adán afectó solo a Adán, que no hay consecuencias para las generaciones futuras, y la semilla del pecado de Adán es solo por imitación y no a causa de alguna transferencia o transmisión de la condición humana caída. Ahora, después que Pelagio fue condenado por la iglesia, surgió una posición moderada que se llamó semi-pelagianismo, que enseñaba que sí hubo una caída, que el hombre, toda la raza humana, había sido afectada por el pecado de Adán, y que todos nacemos con una naturaleza corrupta. Pero esa naturaleza corrupta deja lo que voy a llamar una especie de isla de justicia por la cual aún queda un vestigio restante de la justicia original que a pesar de que esta persona necesita ayuda de la gracia divina para ser salvo y poder ser hecho santo, pero aún sigue habiendo un poder dentro de la voluntad de la criatura que puede cooperar con la gracia de Dios o rechazar la gracia de Dios.

Así que, en el análisis final, la razón por la cual algunas personas vienen a Cristo y otras no, por la que algunos serán redimidos y otros se perderán, está basada en última instancia, en la decisión humana y en ese poder que permanece en la voluntad después de la caída.

Ahora, Pelagio dijo que una persona puede vivir una vida perfecta sin la gracia. Y dijo que la gracia facilita la redención, pero no es necesaria. Las personas pueden ser perfectas, y de hecho Pelagio argumentó que algunos ya habían alcanzado la perfección sin la ayuda de Dios.

Los semi-pelagianos difieren de Pelagio en este punto diciendo, no, la gracia es absolutamente necesaria. Es una condición previa para que alguien sea redimido. Usted no puede salvarse sin la gracia. Sin embargo, la gracia no está sola. Es la gracia y algo más: la gracia más los esfuerzos de la voluntad humana en la fuerza que permanece intacta después de la caída.

Agustín fue uno de los principales artífices de la idea, que se recuperó en el siglo XVI en la Reforma, en una de los Solas de ese momento, la famosa idea de Sola Gratia, solo por gracia. Agustín decía que la caída es tan profunda y que el poder del pecado es tan fuerte en el corazón humano que solo Dios, por su gracia y solo por su gracia, puede cambiar la disposición del alma humana para llevar a esa persona a la fe.

Así que el tema aquí es si el hombre caído tiene la capacidad intacta, el poder moral intacto para inclinarse a sí mismo o abrazar en su propia fuerza las ofertas de ayuda y asistencia que nos llegan de Dios. ¿O es necesario que Dios haga el trabajo inicial de la recreación en el alma antes que la persona caída tenga el poder moral de decir sí al Evangelio?

Así que de lo que estamos hablando acá, es lo que se llama la iniciativa divina. Agustín diría esto: que antes de que una persona venga a Cristo, Dios obra de manera unilateral, monergísta, independiente, y soberana cambiando el alma del pecador rescatando al pecador de la prisión de la esclavitud moral por la cual, por naturaleza, él está muerto en sus delitos y pecados, y en ese estado de muerte espiritual es moralmente incapaz de levantarse a sí mismo por lo que Dios tiene que venir y respirar nueva vida espiritual y poder en el alma de esa persona, y, usando el lenguaje de Pablo, para sacarlo de un estado de muerte espiritual y producir fe en el corazón de la persona antes que esa persona tenga el poder de venir a Cristo. Ahora bien, esas personas vienen a Cristo, y eligen a Cristo. Vienen voluntariamente y con alegría y todo lo demás, pero no antes o hasta que Dios haga su obra por gracia soberana, en llevar a esa persona de la muerte espiritual a la vida espiritual. A eso llamamos renacer monergista o regeneración monergista, que significa que es obra de Dios únicamente, y nada hay que pueda hacer para ganarlo, para merecerlo, para lograrlo o provocarlo, tengo que dejar este caso, en última instancia, en la gracia de Dios y en la gracia de Dios solamente.

Ahora uno de los textos bíblicos importantes que habla de esto se encuentra en el Evangelio de Juan en el que Jesús hace una asombrosa declaración. Él dice en el versículo 63: «El Espíritu es el que da la vida; la carne nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar.

Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere. Dado por el Padre». Ahora recordamos la conversación anterior de Jesús con Nicodemo, el que vino de noche, Jesús habló de la necesidad que tiene una persona de nacer de nuevo antes que pudiera siquiera ver el reino de Dios, sin mencionar el entrar en el reino de Dios.

Y en esa discusión con Nicodemo, Jesús le dijo: «Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es». Y así como Jesús hace este fuerte contraste entre la carne y el espíritu, así mismo el apóstol Pablo hace lo mismo cuando habla de la metáfora de la batalla que se lleva a cabo entre la carne y el Espíritu en la persona que ha sido convertida.

Incluso cuando uno ha nacido del Espíritu, la carne no está completamente aniquilada, y esta lucha está en curso. Pero hasta que el Espíritu Santo cambie tu vida, todo lo que eres es carne. Esto es lo que Jesús le dice a Nicodemo. En el nacimiento natural, en el estado natural, uno nace en el estado «sarx», el concepto bíblico de la carne, en esta condición caída, donde los deseos de tu corazón solo son malos continuamente y de los cuales el apóstol dice que uno camina según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, y que estamos muertos en nuestro pecado. Esa es la condición de la carne.

Ahora aquí en Juan 6 Jesús dice: «La carne aprovecha» ¿para qué? «para nada». En su discusión con Erasmo de Rotterdam, Lutero, quizás en su obra más famosa, la «Esclavitud de la Voluntad,» elaboró su exposición de este texto bíblico y se mantuvo opuesto a Erasmo por hacer que la carne hiciera algo en el proceso de salvación, no solo eso es importante, sino que es fundamental, y no solo se beneficia de algo, sino que se beneficia de todo, ya que si en el análisis final nos basamos en este poder moral innato dentro de nosotros que no es tocado o encarcelado por la caída, y que el poder de la carne aquí es inclinarnos al bien espiritual, y uno ejerce la inclinación adecuada lo que nos daría la vida eterna. Y Lutero nunca se cansó de discutir con Erasmo diciendo que nada no es un poco de algo.

Y dijo que Jesús fue serio cuando dijo: «La carne para nada, nada, aprovecha». Luego él va a hacer esta declaración: «Ninguno puede venir a mí si no le fuere dado del Padre». Ahora, este texto es muy importante, ya que inicia con la declaración, «Ninguno», y si ustedes son estudiantes de la gramática de la lógica reconocerán esa declaración o ese concepto, «ninguno», es lo que se llama una proposición negativa universal.

Describe algo negativo de todo lo que se conoce como «hombre». Ahora me gustaría decir que esto se utiliza de una forma específica de género y sólo se refiere a la incapacidad moral inherente a los varones.

Desafortunadamente, el uso aquí en el griego (ja) es la abreviatura para humanidad. Lo que Jesús está diciendo es que ningún ser humano, Él está diciendo algo acerca de todo el mundo, algo negativo sobre todo el mundo. Ahora la próxima palabra es crucial. «Ninguno puede”. No ninguno debiera. Sabemos la diferencia entre. puede y debiera, hemos hablado de eso muchas veces. Recuerdo que cuando estaba en el colegio, le pregunté a la profesora: ¿Puedo ir afilar mi lápiz? Y ella dijo: Yo estoy segura de que puede, pero usted quiere decir si debes ir a afilar el lápiz.

Y descubrí lo que esa maestra quería decir. De hecho, ella tenía ubicuidad. Y todo el mundo que he conocido ha tenido el mismo tipo de maestro en algún (ja) momento de sus vidas. ¿No es así? Ese maestro que dice estoy seguro usted puede; la pregunta es ¿debe? No estamos hablando aquí de permiso, pero la palabra «puede» describe capacidad o poder, ¡potestad!

Y lo que Jesús está diciendo aquí es que ningún ser humano tiene el poder o la capacidad de hacer algo. Ahora, estas son palabras fuertes viniendo de los labios de nuestro Señor. No se trata de Agustín o Calvino o Lutero. Este es el mismo Cristo que dice algo acerca de la capacidad del hombre. Y Él dice que ninguno es capaz; ninguno tiene el poder para ¿Hacer qué? Para venir a mí.

Así que hay una falta de capacidad inherente de algún tipo en los seres humanos para venir a Jesús de algún modo. Ahora, obviamente, cuando Él dice ven a mí, no está hablando espacial o geográficamente. Obviamente ninguno de nosotros tiene la capacidad de ir a Él en su presencia terrenal en Palestina, porque Él ya no está allí, y Él no estaba diciendo que ningún hombre podía venir y averiguar dónde Él vivía. El «venir a Mí» es la forma en la que Él llama a la gente a que se acerquen en fe para su salvación. No creo que hay algún erudito bíblico que ponga en duda que eso es lo que Jesús está diciendo aquí con respecto a venir a Él. Nadie puede venir a Él a menos que – a menos que. Ahora «a menos que» indica una condición necesaria a cumplirse antes que una consecuencia deseada pueda ocurrir. Así que «a menos que» apunta a un sine-qua-non, algo absolutamente esencial que tiene que ocurrir antes que una persona puede venir a Jesús.

¿Y qué es esto? Ahora aquí Él simplemente dice: «Ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado por el Padre». Más atrás, en el texto dice Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trae, o lo atrae, aunque la palabra que se usa allí es la palabra que la mayoría de los diccionarios traducen como la palabra obligar, no es simplemente un incentivo externo como tratar de atraer a la gente a ir a Él.

La idea aquí es que Dios. Que Dios tiene que hacer algo en este punto. Dios tiene que habilitar a la persona para venir Esa es la clave: que nosotros, de acuerdo a la doctrina de la depravación total hemos perdido nuestra capacidad humana natural para venir a Jesús.

Todavía hacemos elecciones, pero tomamos nuestras decisiones según nuestros deseos. Esa es la esencia de la libertad: el poder elegir según nuestros propios deseos o inclinación, pero es un arma de doble filo. No solo somos libres en el sentido de elegir de acuerdo a nuestros deseos, sino que no podemos no ser libres en ese punto. No solo podemos elegir lo que queremos, sino que la única clase de elección que es una elección real es la elección que se hace según lo que uno desea.

Y así, todos aún somos personas libres en el sentido de que podemos hacer lo que queramos, pero esa no es la libertad real a la que el Nuevo Testamento se refiere. No trata el problema de la servidumbre moral. Ni lo que el pecado original enseña en la doctrina de incapacidad moral bajo el tema de la depravación total. Esto significa que somos esclavos de nuestros propios deseos, y por naturaleza no tenemos deseo por Cristo o por las cosas de Dios.

Así que libremente lo rechazamos en la medida en que elegimos lo que queremos, y lo que no queremos es a Él; a menos que Dios cambie el deseo del corazón. Ven, por eso es que no se llama incapacidad natural. Se llama incapacidad moral. No tenemos el poder o la capacidad de amar el bien. Para que eso suceda, tenemos que ser transformados.

Dios tiene que intervenir, y en Su gracia Él nos tiene que rescatar de la muerte espiritual y, la otra metáfora, de la esclavitud espiritual. Él nos tiene que dar el don de la fe mediante la creación de una resurrección espiritual en el corazón y en el alma. Y ese es el primer punto del acróstico de la depravación total. Se refiere al grado de corrupción que es tan grave que no hay una isla libre de la esclavitud de la corrupción, ubicada en las profundidades del alma humana. Pero hasta que nazcamos del Espíritu somos carne, y la única manera de que podemos llegar a la fe es si Dios, en su gracia y solo en su gracia, nos libra. haciendo que nazcamos por segunda vez por el poder creador del Espíritu Santo.