Renovando Tu Mente | Renovación del pacto
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Transcripción

Hace poco visité a unos amigos en Jackson, Mississippi y cuando llegamos a su puerta, noté en el marco superior, arriba de la puerta había una placa que tenía la siguiente inscripción: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová”.  Creo que todos han escuchado esta frase, ¿cierto?

La pregunta es, ¿de dónde viene? ¿cuál fue la razón por la que alguien se paró y dijo: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová”? ¿Por qué fue una afirmación significativa en el drama e historia de la redención? Esta afirmación, por supuesto, fue pronunciada por Josué, pero las circunstancias en que Josué las dijo, es de gran importancia para nuestra comprensión del patrón completo de la historia bíblica y del drama de la redención.

Cuando miramos la estructura de los pactos en el Antiguo Cercano Oriente, la estructura del tratado de esos días, recordarán que mencioné que dentro de los elementos del pacto estaba el prólogo: un preámbulo por el cual la persona soberana en el tratado, el gran rey, se identificaba por su nombre y rango

Y que lo que venía después era el prólogo histórico donde se actualizaba la historia de la relación del gran rey con sus vasallos. Mencioné también que, en el Antiguo Testamento, cuando Dios hace un pacto con su pueblo, cuando lo hace con Abraham, Él dice: “Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos”, y luego en los próximos pactos, Él actualizaría esa historia diciendo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel.”

Más adelante Él dice: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto” según vimos cuando Dios instituyó el pacto por medio de Moisés y la entrega de los Diez Mandamientos. Pero no solo tenemos esas instancias donde Dios entra en una nueva dimensión de pactos, según hemos visto, sino que también había una disposición en Israel que era igual al de otras naciones de ese tiempo, donde se celebraban ceremonias en los momentos indicados con el fin expreso de renovar el pacto, y a eso es que llamamos ‘ceremonias de renovación del pacto’.

¿Recuerdas al final de la vida de Moisés, justo antes de morir, que él reunió al pueblo a su alrededor y dijo que iba a partir, que no iba a entrar a la tierra prometida con ellos y comprometió al pueblo a que renovaran su promesa y juramento a los términos del pacto.

Y en esa ceremonia sucedió algo más, algo que se llama: ‘celebraciones dinámicas de sucesión’, donde la responsabilidad pasa de un líder al siguiente, de la generación anterior a la nueva generación. Y, en esa ocasión, Moisés, mientras estaba aún vivo, hizo que el pueblo jurara lealtad a Josué. El bastón se pasa de Moisés a Josué, y este es un momento crucial en la historia judía.

El pueblo ya había experimentado su redención a través del Éxodo, pero ahora pasaron 40 años deambulando por el desierto y finalmente llegaron al momento en que están a punto de entrar a la tierra prometida. Pero la tierra prometida estaba ocupada y tenía que ser conquistada, y esa tarea no le correspondía a Moisés. Esa tarea le es dada a Josué.

Recuerda que el libro de Josué inicia cuando él se prepara para cruzar el Jordán y empezar con la conquista de Canaán y entrar a la tierra prometida. Y todo el libro de Josué interpreta esa historia. Es una historia militar, básicamente, de Josué y sus ejércitos conquistando fortaleza tras fortaleza entre los cananeos.

Luego, cuando llegamos al final del libro de Josué, tenemos otra celebración de sucesión dinástica: otro episodio de renovación del pacto que se lleva a cabo en Siquem. Y eso está registrado en el capítulo 24 del libro de Josué.

Pero me gustaría empezar hoy, viendo un poco antes, al final del capítulo 21 de Josué. El verso 43 dice así: “De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. Y Jehová les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos. No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió.”

¿Ves lo que dice este resumen casi al final del libro de Josué? ‘La tierra es nuestra, la tierra que Dios prometió a nuestros padres. Ahora poseemos la tierra que Dios prometió a Abraham. La tierra que fluye leche y miel de la que habló Moisés ahora es nuestra. Y Dios cumplió su promesa.

La promesa del pacto que Dios hizo a nuestros padres se ha cumplido y ahora hemos ocupado toda la tierra. Todos los enemigos han huido. Nada nos hace falta y ni una palabra de la que Dios prometió ha fallado.’

Ahora, esa declaración en Josué 21 se repite más tarde en Josué 23. El comienzo de Josué 23 habla de aquellos eventos que condujeron a la ceremonia de renovación del pacto. Dice el capítulo 23, el verso uno: ‘Aconteció, muchos días después que Jehová diera reposo a Israel de todos sus enemigos alrededor, que Josué, siendo ya viejo y avanzado en años, llamó a todo Israel, a sus ancianos, sus príncipes, sus jueces y sus oficiales, y les dijo: Yo ya soy viejo y avanzado en años. Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa: porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros.”

Y luego él continúa diciendo: “Esforzaos, pues, mucho, en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ellos ni a diestra ni a siniestra; para que no os mezcléis con estas naciones que han quedado con vosotros, ni hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos. Mas a Jehová vuestro Dios seguiréis, como habéis hecho hasta hoy.”

Y continúa diciendo: “Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios. Porque si os apartareis, y os uniereis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros, y si concertareis con ellas matrimonios, mezclándoos con ellas, y ellas con vosotros, sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros, sino que os serán por lazo, por tropiezo”.

Luego, en el verso 14 dice: “Y he aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra;” Oyes lo que está diciendo? Él está anunciando a su pueblo: ‘Hoy voy a morir. Hemos disfrutado el descanso de nuestros enemigos que Dios nos ha dado, pero ustedes serán tentados a mezclarse y unirse con el remanente pagano que queda; y deben entender que hay una continuidad entre nuestros días y las generaciones anteriores.’

Y les recuerda el pacto que sus padres habían hecho con Dios a través de Moisés.  Nuevamente, en el verso 14: “estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra; reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas. Otra vez, vemos que se repite esta declaración.

Dios es el guardador del pacto. Sus promesas son confiables. Puedes confiar en ellas porque ni una palabra dejará de cumplirse. Ahora, una de las cosas que debes entender, es que esas promesas que Dios le hizo a Abraham, a Isaac, a Jacob, y luego a Moisés, tomaron siglos y siglos en cumplirse.

¿Qué pasa cuando alguien nos dice que hará algo bueno por nosotros y nos emocionamos anticipadamente, pero luego llega la espera? Empezamos a ponernos ansiosos. Empezamos a dudar y sabemos que hay gente en este mundo que no cumple sus pactos. Somos quebradores del pacto. Hicimos promesas de las cosas que íbamos a hacer y no las cumplimos. Tendemos a decepcionarnos por promesas incumplidas; pero la lección para nosotros, amados, es que a pesar de que las promesas de Dios tardan y Él se toma su tiempo para llevarlas a cabo, ninguna palabra suya fallará.

Y eso es lo que Josué está tratando de comunicar a ese pueblo, preparándolos para renovar su promesa, para renovar su confianza en las promesas del pacto que Dios les ha hecho. Lo que está diciendo en efecto es: ‘Ya no puedes confiar en mí. Toda carne es hierba. Me sacarán del camino”.

Como Pablo le escribió a Timoteo en el Nuevo Testamento: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado”. Déjame decir algo más. Mencioné de paso el concepto de la sucesión dinástica o sucesión dinámica, donde la autoridad pasa de uno a otro. Ahora, esto sucedió en el linaje real cuando se establecieron las dinastías. Así como los patriarcas pasaron la bendición del pacto de padre a hijo, los reyes siempre quisieron transmitir la realeza de padre a hijo, como David se la pasó a Salomón y así sucesivamente.

Pero en el Nuevo Testamento, el nuevo pacto se establece, como veremos más adelante, en el aposento alto, entre Jesús y sus discípulos, y en esa ocasión, Él les da instrucciones. No es por casualidad, amigos, que el discurso más largo que tenemos en la Biblia acerca de la persona y la obra del Espíritu Santo está en el discurso del aposento alto, la noche en que Jesús fue traicionado, la noche en que Él instituye el nuevo pacto.

¿Por qué? Porque Jesús anuncia a sus discípulos: ‘Me voy, pero no los dejaré solos. “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.”

Ahora, cuando celebramos la Cena del Señor, hay muchas cosas que hacemos en ese momento. Recordamos la muerte del Señor, disfrutamos su presencia entre nosotros en la mesa, y miramos hacia el futuro, a la promesa de la fiesta de las bodas del Cordero.

Entonces, tenemos toda esas dinámicas involucradas cada vez que nos reunimos y celebramos la Cena del Señor. Pero hay algo que a menudo se pasa por alto, y es que cada vez que celebramos la Cena del Señor, asistimos a una ceremonia de renovación del pacto, y estamos recordando cómo Jesús entregó el liderazgo de la iglesia en la tierra al Espíritu Santo.

Y así como el pueblo se comprometió con Josué, a continuar bajo un nuevo liderazgo; así mismo lo hicieron en Moab con Moisés. Ahora Jesús dice: ‘Está bien, me voy. Ha llegado el día, pero ahora estoy enviando a alguien para que te guíe en los pasos a seguir, es el Espíritu Santo. Bueno, volvamos rápidamente a Josué 24.  Allí empieza con este anuncio: “Reunió Josué a todas las tribus de Israel en Siquem, y llamó a los ancianos de Israel, sus príncipes,”… Lo que hace al inicio de este capítulo es dar un prólogo extenso actualizando el ministerio de Dios a Su pueblo.

Luego llega al verso 14 después de terminar este relato de todo lo que Dios había hecho por el pueblo y dice: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.”

Ese es el encargo. Ese es el mandato dado en esta solemne ceremonia de renovación del pacto.  “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”

¡Ahí está!  ¿Ves el contexto en que esto fue dicho? Él está confrontando al pueblo, les está ordenando que teman al Señor y que renueven su compromiso con el pacto que Dios había hecho con ellos en el pasado.

Pero Josué entendió que no todos estaban deseosos de hacer eso, y dijo: ‘Hoy es el día decisivo. Es la hora de escoger, que hagas una elección: Pueden regresar y servir a los dioses que servían al otro lado del Jordán, a esas deidades paganas; o puedes empezar a ir tras los dioses de los paganos que aún están acá.

Puedes ser simplemente secular y adorar los ídolos de tu propia cultura y de tu propio tiempo, o puedes servir al Señor. Es tu elección.’ Yo te digo la mía: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Ahora, observa cómo las personas responden a esta confrontación:

“Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos.

Y Jehová arrojó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra; nosotros, pues, también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios”. ¿Oíste cómo ellos hacen eco del compromiso de Josué? Josué acaba de decir: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová” y el pueblo dijo: “pues, también serviremos a Jehová”. “Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses”. El registro bíblico no termina en esa página. Esto no estaba tan lejos de lo que el pueblo decía. La ceremonia del pacto apenas había terminado y el pueblo poco a poco ya estaba empezando a abrazar el paganismo de ese tiempo e ir tras otros dioses.

Dijeron que estaban lejos de eso: “Nunca tal acontezca …”, ‘sería lo último que haríamos’. Eso fue lo primero que hicieron. Pero hicieron el voto solemne de continuar en el pacto. Miren lo que Josué dice después que ellos dieron tremenda respuesta:

“Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados. Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien. El pueblo entonces dijo a Josué: No, sino que a Jehová serviremos.

Y Josué respondió al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que habéis elegido a Jehová para servirle. Y ellos respondieron: Testigos somos.”

Ahora Josué dice: “Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel. Y el pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos. Entonces Josué hizo pacto con el pueblo el mismo día, y les dio estatutos y leyes en Siquem”.

El pueblo hizo una profesión de fe. Se comprometieron públicamente. Hicieron un juramento y un voto sagrado, y lo rompieron; y Josué les advirtió: “No podréis servir a Jehová”, tu Dios.

Tú piensas que servirás al Señor tu Dios, pero tú no sabes de quién estás hablando. Ni siquiera conoces a este Dios con el cual te has comprometido. ¿No sabes que es un Dios santo? ¿No sabes que es un Dios celoso? No celoso en el sentido humano de envidiar lo que el otro tiene, sino celoso en el sentido de que no permitirá el prostituirse detrás de otros dioses.

Él exige tu lealtad, tu compromiso y tu obediencia. Y todo el pueblo dijo: “serviremos a Jehová”. Una de las cosas que me preocupa profundamente es la facilidad con la que creemos en nuestros días que podemos entrar en el reino de Dios.

Se ha puesto tanto énfasis en un tipo de evangelismo donde las personas son llamadas a leer una oración o levantar la mano o acercarse a un altar y hacer una profesión de fe. No me malentiendan, no hay nada malo en la expresión pública de la fe. Estamos llamados a hacer una profesión de fe pública. Pero lo que es peligroso es que asumamos que, por el solo hecho de realizar ese acto público, ya somos redimidos y entramos a un estado de gracia.

El Nuevo Testamento nos advierte, el Antiguo Testamento nos advierte en cada página, que es fácil para la gente hacer una profesión de fe y apresurarse a prometer lealtad y obediencia a Cristo, y lealtad y obediencia a Dios y que luego no cumplan, porque ellos no han llegado a comprender el significado profundo de lo que es ser hijos de Dios en realidad, ya que no se han topado con el carácter de Dios, con su santidad, con el entendimiento de que Dios nunca pierde; y que cuando juramos lealtad a Cristo, es para siempre.

Mira tu propia vida. Mira tu historial de cumplimiento del pacto. Todos nosotros necesitamos renovar el pacto con Dios regularmente.